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Muy buenos días, felices cumpleañeros

  • en Local
  • 15:52PM, APR 1
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Licenciado Carlos Gallegos Pérez/compendio
Felices cumpleañeros, ya que cada 1o de abril, a la par de Delicias, los delicienses cumplimos años.

Estas palabras puede decirlas cada uno de ustedes y seguramente mejor dichas, nada más que como Cronista, me corresponde decirlas a mí, en el entendido de que cada uno de ustedes, insisto, las haría suyas.

Seguramente a muchos de nosotros nos han preguntado por qué hablamos y escribimos tanto de Delicias.

De su hermoso y práctico trazo replicado de la Rosa de los Vientos.

De la deuda impagable con Rosales, Meoqui y Saucillo, nuestras tres fuentes de vida y existencia, del borroso antecedente de nuestros cuatro barrios primigenios, La Colonia Terrazas, La Loma de Pérez, El Ramireño y Las Compuertas.

Del variado origen de sus fundadores y sus generaciones subsecuentes.

De sus anchas y geométricas calles y avenidas de hermosos nombres.

De sus esbeltas palmeras de la Avenida Agricultura y de la casa de los Fernández Cano, de sus viejas lilas que resisten el paso de los años, de sus laureles floridos de rojo intenso, de sus pinabetes rompe vientos, de sus eucaliptos, a los que atribuimos poderes curativos, del recuerdo que guardamos de sus higos, granadas y membrillos.

De sus naranjas cascarudas de sabor tan especial, de aquellas moras que eran el postre de los abuelos, de sus trigales dorados, de sus albos algodonales, de sus uvas y sus vinos, de su gran cuenca lechera, de su industria mueblera tan lejana a la madera de la sierra, de su espíritu irreductible que vence las sequías y se reinventa a la vuelta del año.

Del cuño rotario de la solidaridad ante las tareas comunitarias, con Óscar Villalobos Chávez hoy como botón de muestra.

De sus símbolos que nos dan identidad.

De la ex Hacienda las Delicias, de su Plaza de las Lilas, de su Reloj Público tocando las horas para todos, de la campanita de Andrés Bunsow tañendo cada 1o de abril desde el pretil del Hotel del Norte, hoy lamentablemente silente y doliente, del recuerdo a fuego en la memoria colectiva de la Casa Myers, del Campamento de casas de madera de los sectores oriente y sur, de la nieve de don Chon, del mítico Root Beer de don Toño García, de las enchiladas del Chamizal y los Chihuahuenses, de los charales, los cangrejos y los sapotoros de los canales, de las mojarras criollas de las Vírgenes, de las flautas del Tin Tan, del vigente hito de los 72 Ceros, de los paseos por el Saratoga y la 3a, de la magia y sueños que brotaban de las pantallas de los cines Alcázar, Internacional, Lux ,Río y Delicias 70.

De la Plaza de Toros Silverio Pérez, de las torres del Santuario, de la altura de Cristo Rey, del canto de los chanates de la Plaza Principal, de las extravagancias de Julián la Changa, del Piano, del Sanforizado de Juan el Loco, de María la Sabrosa, de las Tres Marías y su Caldo de Oso en el Campamento de las Vírgenes, de la Pipitoria, de María de la O,de las Encadenadas, de la Flecha, el Cacahuate, Paul Newman, Tacho el Gallo.

Del surgimiento del Mercado Juárez y su cúpula de pastel de la huella inmarcesible de Emiliano J Laing, del virtuosismo inmortal de Cleofas Villegas, de la sabiduría enciclopédica de don Antonio Vicente Máynez, del genio literario y artístico de Jesús Gardea, Alfonso Amparán, Alfredo Espinosa, Manuel Talavera Trejo y tantos otros, del vozarrón de Chacho Doporto.

De La Tambora Yaky y el Mariachi Regional, de Chole Rodríguez, la Alondra de la Benito Juárez, del Oso García cantando A mi Manera, del Museo de Paleontología e Historia Hermanos Fierro Chavarría, el primero de su tipo en el país, de la voz melodiosa y bravía de Carmen Cardenal y María Madero, del saxofón de Cheto Vázquez, del órgano melódico de Sergio Basaldúa, del histrionismo cinematográfico de Gaby Roel, de las pinturas de Olga Matar, Alma Quiñones y Ana Edith López Robles, de la cultura general y la facilidad manual y artística del profesor Macario Guillén Rosales, de la memoria fotográfica de Miguel N avarro Campos, .

De la bizarría pugilística de Guillermo Espinosa Salas, el Chato Salas, Armando Muñiz y Raúl Delgado, del talento musical de Tito Camacho, de los Tarahumara Brass, de Clemente Torres, de Edson Ortega, del bell canto de Luis Raúl Espinosa Contreras, de los cuadros musicales y bailables de Javier y Elvira Águila de Ed Maverik y sus Fuentes de Ortiz, del acordeón de Janeth Valenzuela.

Si quieren le sigo, que al cabo traigo más.
Más que hoy basten estos ejemplos para contestarme a mí mismo y contestarles a
ustedes por qué hablamos y escribimos tanto de Delicias.
He reseñado algunas de las respuestas.
Pero ustedes saben que falta la principal:
porque contamos con la gracia de Dios padre, que nos permite vivir bajo el cielo de Delicias y celebrar hoy su nonagésimo tercer aniversario.
Muchas gracias y muchas felicidades para todos.
Carlos Gallegos Pérez, cronista del municipio de Delicias